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Situación de los comerciantes en la Europa feudal


¿Cuál era el estado de los comerciantes durante la época feudal en Europa? ¿Ellos, como los campesinos, sirvieron / tuvieron lealtad a cierto señor propietario de la tierra? En caso afirmativo, ¿tienen un estatus o privilegios diferentes a los de los campesinos habituales? ¿O están libres de lealtad? Si es lo último, ¿cómo se liberaron de los señores feudales que generalmente eran poderosos?


Los comerciantes durante el sistema feudal tendían a ser judíos u otros "extranjeros". Lombardos, genoveses y venecianos (de las zonas más emprendedoras de Italia) y griegos tendían a realizar esta función en el norte de Europa, holandeses (y otros europeos occidentales) en Europa del Este, etc.

Los comerciantes eran básicamente independientes del sistema feudal, no eran ni terratenientes ni campesinos. Como tales, las élites locales los miraban con sospecha. Su principal atractivo era que tenían buenas conexiones con extranjeros que podían ayudarlos a adquirir bienes escasos. Por tanto, era probable que fueran miembros "extranjeros" (en lugar de locales) de una sociedad determinada; la mayoría de los lugareños no querrían asumir un papel tan "extranjero", al menos en casa.

Los comerciantes no eran particularmente respetados, pero eran tolerados y se les permitía vivir un poco fuera de las reglas habituales porque realizaban un servicio esencial (comercial).


Los comerciantes generalmente se crían entre la gente de las ciudades, es decir, los artesanos. Por lo general, no provenían de los campesinos y, como tales, no tenían ninguna lealtad a los señores feudales.

También podrían tener su origen en la aristocracia de la ciudad, especialmente en Italia.


En primer lugar, los campesinos no eran esclavos ni nada por el estilo. Básicamente, estaban alquilando un préstamo determinado, y la mayoría de las veces entraban en esta relación voluntariamente como hombres libres. En muchas, si no en la mayoría de las tierras y épocas, liberarse de esta relación era realmente posible, y los campesinos podían mudarse a otro terrateniente. Después de grandes guerras o enfermedades que mataron a gran parte de la población de un área determinada, los colonos de otras tierras a menudo vienen a trabajar en las tierras vacías.

Si bien la relación entre los terratenientes feudales y los campesinos no era color de rosa, ser sin tierra (por lo tanto, independiente de un terrateniente) no era difícil; ser sin tierra Y SOBREVIVIR en una sociedad basada en la agricultura, eso era difícil. Porque a ciertas etnias y religiosos incluso la ley les prohibía trabajar como campesinos, p. Ej. Gitanos y judíos en Europa del Este.

Volviendo a su pregunta original: había todo tipo de comerciantes diferentes. Algunos podrían tener un estatus especial o, en conjunto, podrían formar comunidades independientes. Los comerciantes generalmente formaban gremios para controlar y regular el comercio local y negociar con las autoridades. Como las ciudades son centros de mercado naturales y puestos comerciales, estos gremios podrían dar mucho poder a una ciudad o pueblo. Muchas ciudades tenían independencia local o eran estados independientes. Estado independiente significa independientes no solo gobernantes feudales locales, sino independientes de los reyes, que tienen su propia legislación, ejército, etc. Tales ciudades estado con líderes civiles electos eran en realidad muy comunes a lo largo de las principales rutas comerciales (por ejemplo, Venecia y ciudades estado italianas), y estas ciudades a menudo formaban alianzas (La Hansa o la alianza Estrasburgo-Zúrich-Berna-Basilea) para protegerse.


Historia de los judíos europeos en la Edad Media

Historia de los judíos europeos en la Edad Media cubre la historia judía en el período del siglo V al XV. Durante el transcurso de este período, la población judía se trasladó gradualmente de su tierra natal en el Levante a Europa, principalmente Europa Central dominada por el Sacro Imperio Romano Germánico (que dio origen a la etnia judía Ashkenazi) o el sur de Europa dominado por los reinos ibéricos ( que dio origen a la etnia sefardí de judíos).

La tradición judía remonta los orígenes de los judíos a las 12 tribus israelitas, sin embargo, la mayoría de las tradiciones judías afirman que los judíos modernos descienden de Judea, Benjamín y Levi. Ya en el exilio en Babilonia, los judíos, a través del exilio bajo restricciones militares o de otro tipo, llegaron a vivir en muchos otros países del Medio Oriente, y luego formaron comunidades a lo largo de las tierras del este del Mediterráneo, constituyendo colectivamente una diáspora judía. Su presencia está atestiguada en Grecia desde el siglo IV a. C. en adelante en lugares tan variados como Quíos, Egina, Ática y Rodas [1] y en Italia ya en el siglo II a. C. [2]

Después del Asedio de Jerusalén (70 EC), cientos de miles de judíos fueron llevados como esclavos a Roma, donde luego emigraron a otras tierras europeas. Los judíos que emigraron a Iberia y sus descendientes son los judíos sefardíes, mientras que los que emigraron a la Renania alemana y Francia son los judíos asquenazíes. [3] Los judíos europeos se especializaron en la economía como artesanos, comerciantes y prestamistas. [4] Con el auge de las Cruzadas, que provocó numerosos pogromos y sucesivas órdenes de expulsión, comenzó a producirse una merma significativa en Europa Occidental en Inglaterra (1290), Francia (siglo XIV) y España (1492). Con el final de la edad medieval, un fenómeno similar se repitió en la península italiana y en la mayoría de las ciudades y principados alemanes en tierras de habla alemana en el siglo XVI. Grandes poblaciones de habla yiddish surgieron durante estos mismos siglos en Europa del Este. En el siglo XVII comenzó un proceso de retroceso, con migración inversa de regreso a Europa central y occidental, luego de los pogromos en Ucrania (1648-1649). [5]


Comerciantes y Mecánicos

El feudalismo europeo se desarrolló para entrenar, equipar y apoyar a los caballeros que eran el instrumento de guerra dominante. Sus instituciones estaban bien adaptadas a las condiciones de la temprana Edad Media: asentamientos que eran pequeños y dispersos, pero que proporcionaban un respiro de la anarquía que prevalecía en la naturaleza entre ellos mercados que eran limitados, locales y dominados por el trueque (aquí ). Las instituciones feudales se regían por la costumbre, lo que las hacía resistentes al cambio. Cayeron solo cuando los cambios importantes en el entorno social los hicieron completamente obsoletos. Estos cambios tardaron mucho en llegar. Algunos de ellos siguieron los ritmos lentos de la Edad Media, mientras que otros fueron rápidos y dramáticos.

Europa se llena

El norte de Europa en el 800 d.C. estaba escasamente poblado, con una economía basada en mansiones dispersas que eran casi autosuficientes, pero su población estaba creciendo lentamente. Se establecieron nuevas mansiones en áreas silvestres, y las mansiones más antiguas fueron absorbiendo gradualmente las tierras indómitas que las rodeaban. A medida que las mansiones se volvieron más pobladas y menos aisladas, comerciantes profesionales trajeron y se llevaron más mercancías.

Las diferencias en la densidad de población explican gran parte del comercio adicional. Las zonas fronterizas tendían a explotar los bosques: producían madera, brea, alquitrán y pieles. Las áreas recientemente pobladas producían granos y otros productos agrícolas. Las áreas más antiguas, donde la densidad de población era más alta, tendían a producir bienes intensivos en mano de obra (como lana y telas de lino) en lugar de bienes intensivos en tierra. Cada área vendió sus propios bienes para comprar los bienes de las otras áreas.

Esta red comercial se extendió por el norte de Europa y finalmente se vinculó con la red comercial mediterránea. La última red implicaba el comercio entre ciudades estado italianas (especialmente Génova, Venecia y Pisa) y el mundo árabe. Los comerciantes italianos intercambiaban madera, hierro y productos manufacturados de madera y metal por los artículos de lujo que los comerciantes árabes habían comprado en las tierras colindantes con el Océano Índico: especias, perfumes, marfil, seda. La demanda de estos productos en el norte de Europa aumentó a medida que se hacía más rica y poblada.

El asentamiento de las tierras fronterizas condujo al fortalecimiento del comercio, al crecimiento de las ciudades (que tendían a desarrollarse a lo largo de las rutas comerciales) y a una producción cada vez más especializada. Estas tendencias continuaron hasta finales del siglo XII, momento en el que quedaban pocas tierras sin colonizar.

El feudalismo había sido diseñado para una sociedad en la que solo existían mercados locales y en la que las transacciones monetarias eran relativamente raras. El auge del comercio profundizó los mercados e hizo que las transacciones monetarias fueran cada vez más comunes, pero el feudalismo tardó en responder a estos cambios. El derecho consuetudinario que regía las mansiones era la protección de los siervos contra los señores dominantes. Cualquier desviación de la ley reducía la autoridad de la ley, por lo que los siervos tendían a sopesar el beneficio inmediato de una desviación frente al costo a largo plazo de la erosión de la ley. A menudo se resistían al cambio porque creían que el costo era mayor que el beneficio.

El cambio más significativo fue la sustitución de un pago fijo en dinero por la obligación laboral del siervo, dejándolo libre para trabajar a tiempo completo en sus propias tiras. Los señores también comenzaron a arrendar algunas de sus tierras a cambio de pagos fijos. Estos pagos se incorporaron al derecho consuetudinario y no fluctuaron. En la Edad Media,

los precios y los salarios expresaban un juicio moral de valor. La oferta y la demanda eran moralmente irrelevantes. El concepto moderno de precios y salarios como dispositivos pragmáticos para despejar los mercados y asignar recursos, que no implica ningún juicio moral, llegó mucho más tarde. 1

Un pago de dinero reemplazaba cada vez más las obligaciones de un señor con el rey, así como las obligaciones de un señor menor con su señor supremo. Los mercados eran ahora lo suficientemente profundos como para que el rey no tuviera necesidad de dispersar sus fuerzas. En su lugar, podría tener un ejército permanente, que aumentaría con mercenarios si surgiera la necesidad. Aunque esta innovación extinguió uno de los principales propósitos de la mansión, la mansión en sí continuó durante siglos.

La noche de los caballeros

El alto costo de entrenar, equipar y mantener a un caballero había sido un factor clave del sistema de la mansión. Estos costos se incurrieron voluntariamente cuando el caballero era el arma de guerra dominante, pero su dominio llegó a su fin en el siglo XIV.

Los caballeros franceses fueron derrotados por infantes flamencos en la batalla de Courtrai (1302). Los caballeros eran nobles, los de infantería eran ciudadanos que habían sido entrenados como unidades de milicia. Las formaciones de lucios flamencos formaron líneas que los caballeros atacaron pero no pudieron romper. Las fuerzas flamencas empujaron a los caballeros hacia atrás sobre un terreno accidentado. Esta retirada dejó a los caballeros en cierto desorden, y muchos fueron aislados y asesinados por sus enemigos.

Batalla de Courtrai, 1302

Las batallas en Crecy (1346) y Agincourt (1415) enfrentaron a los caballeros franceses contra los arqueros ingleses. Los caballeros perdieron desastrosamente en ambos casos. Los arqueros eran plebeyos que se ponían en servicio solo durante la duración de una campaña militar, mientras que los caballeros no tenían otra ocupación y debían ser apoyados continuamente. Los arqueros largos, como los caballeros, requerían años de práctica para desarrollar su fuerza y ​​habilidades, pero su entrenamiento era solo un complemento de sus vidas como agricultores o comerciantes.

Batalla de Agincourt, 1415

Los italianos favorecieron la ballesta. Su construcción era mucho más mecánica que la de un arco largo y los ballesteros podían entrenarse rápidamente. Tanto la ballesta como el arco largo pueden perforar armaduras. La armadura de placas evolucionó para minimizar estas amenazas, pero el mayor peso de la armadura era un peligro en sí mismo. Muchos de los caballeros que murieron en Agincourt fueron derribados de sus caballos y quedaron indefensos en los campos fangosos hasta que los soldados de infantería los despacharon casualmente.

El golpe final para la caballería fue el desarrollo de armas de pólvora. La pólvora fue inventada por los chinos, que fueron los primeros en utilizarla como arma. Occidente aprendió sobre la pólvora a mediados del siglo XIII (varios cientos de años después de su invención), pero había paridad entre las armas europeas y chinas a principios del siglo XIV. 2 Las armas de pólvora europeas evolucionaron rápidamente durante el siglo siguiente, con innovaciones en el proyectil, el cañón y la propia pólvora. A mediados del siglo XV, las armas de pólvora podían determinar el resultado de una batalla. En 1453, por ejemplo, las fuerzas de Juana de Arco derrotaron a un ejército inglés desde posiciones de artillería atrincheradas.

La peste negra y sus consecuencias

La población de Europa Occidental en 1300 era de 73 millones. La era de la frontera había terminado, ya que casi toda la tierra cultivable había sido explotada. La gran población significó que había suficiente mano de obra para trabajar la tierra, dejando a los terratenientes prósperos y pobres a los campesinos. Hay pocas razones para dudar de la predicción maltusiana de que un mayor crecimiento de la población habría empobrecido a la gran mayoría de la población. Ese crecimiento demográfico no llegó. La población cayó a 51 millones en 1350 y no se recuperó por completo hasta 1550.

Hubo varias razones para esta disminución. La producción de alimentos de Europa en los años buenos fue suficiente para alimentar a su población, pero cualquier mala cosecha provocó hambrunas. Las malas cosechas ocurrieron repetidamente durante este tiempo. Sólo en Francia hubo una hambruna generalizada durante los años 1304, 1305, 1310, 1315, 1322, 1325, 1330—4, 1344, 1349—51, 1358—61, 1371, 1374—5 y 1390. 3 Las guerras también fueron frecuentes, mientras los incipientes estados-nación luchaban por las fronteras. Sin embargo, el mayor asesino fue la Peste Negra.

La Peste Negra es el nombre que se le da a las plagas bubónicas y neumónicas que asolaron Eurasia durante el siglo XIV. Existe cierta incertidumbre sobre los orígenes del bacilo que causó estas plagas, pero ya se había establecido en la población de roedores de las estepas asiáticas en el siglo XIV. Fue llevado tanto al este como al oeste por comerciantes y por los ejércitos mongoles. La plaga llegó a China a principios del siglo XIV, matando a algo entre un tercio y la mitad de su población. Asia central y Oriente Medio se vieron igualmente afectados a mediados de siglo: el número de muertos parece haber superado la mitad de la población en algunos lugares.

El progreso de la peste en Europa está particularmente bien documentado. El puerto de Crimea de Kaffa se encontraba en el extremo occidental de la Ruta de la Seda y fue ocupado por comerciantes genoveses en el siglo XIV. La Horda de Oro, en un intento de expulsar a los genoveses, sitió la ciudad en 1344. Sus soldados fueron devastados por la plaga en 1347, y la plaga alcanzó la ciudad sitiada en breve.
después de eso. 4 Los italianos que huían de Kaffa llevaron la enfermedad a Constantinopla, y luego a Pisa, Venecia y Génova cuando regresaron a sus hogares. La plaga luego saltó de un puerto a otro en el Mediterráneo y se movió por tierra a un ritmo más lento.

La tasa de mortalidad varió mucho de un país a otro y de una ciudad a otra, por lo que es difícil estimar la tasa de mortalidad global en Europa. Una estimación conservadora es que un tercio de la población europea había muerto en 1350. Algunas estimaciones recientes superan la mitad. 5

Algunas de las tierras agrícolas menos productivas fueron abandonadas cuando colapsó la fuerza laboral. La producción agrícola total cayó (porque había menos trabajadores) pero la producción por trabajador aumentó (porque estaban trabajando mejor la tierra). Dado que el número de mansiones no cambió, cada mansión produjo menos que antes. Los señores de las mansiones trataron de minimizar sus pérdidas de ingresos manteniendo a los campesinos con los salarios y las condiciones de trabajo que prevalecían antes de la epidemia. Los campesinos, en cambio, reconocieron que su trabajo se había vuelto más valioso y esperaban un trato más favorable por parte de los señores. Aunque el derecho consuetudinario los mantenía en la mansión, eran conscientes de que tenían opciones: podían unirse a otra mansión (cuyo señor, desesperado por trabajar, era poco probable que los enviara de regreso), o unirse a la fuerza laboral migrante que se trasladaba de mansión en mansión. para satisfacer la demanda estacional de mano de obra. Los campesinos exigieron un mejor trato y los señores, en general, no pudieron resistir sus demandas. Los salarios de los trabajadores agrícolas aumentaron y los siervos pudieron reducir o eliminar muchas de sus obligaciones para con el señor. En algunos casos, los señores optaron por retirarse de la gestión directa de la tierra, alquilando sus tierras por dinero en efectivo. A fines del siglo XIV, la tierra estaba casi exclusivamente cultivada por trabajadores que trabajaban a cambio de un salario o por agricultores libres que pagaban el alquiler o eran dueños de la tierra.

El impacto general de estos cambios fue convertir la tierra y la mano de obra en mercancías cuyos precios, al menos hasta cierto punto, reflejaban las condiciones del mercado. Este cambio, argumentan North y Thomas, redujo la brecha entre las valoraciones privadas y sociales, haciendo que las economías europeas sean más eficientes.

North y Thomas señalan que este resultado no fue inevitable. Los señores rusos enfrentaron la misma escasez de mano de obra, pero estaban más unidos y más dispuestos a usar la fuerza. A raíz de la plaga, los siervos rusos se vieron reducidos a la esclavitud virtual, una situación que no cambió hasta las Grandes Reformas de 1861. La servidumbre rusa, una institución que se remonta al siglo XI, sobrevivió hasta la época del siglo XI. cámara.

Conclusiones

El feudalismo había dejado de ser una institución eficaz en el siglo XV, pero su impronta fue visible en Europa occidental incluso en el siglo XVIII. En Inglaterra, por ejemplo, los cercados de tierras de los siglos XVII y XVIII se implementaron para reemplazar una asignación ineficiente de tierras agrícolas, una reliquia del feudalismo, por una más eficiente. La distribución del ingreso a fines del siglo XVI fue también un reflejo del feudalismo, siendo la élite económica la propietaria de las grandes propiedades.

Aunque los vestigios del feudalismo permanecieron, Europa occidental se estaba volviendo hacia una economía de mercado en el siglo XV. Los productos manufacturados eran cada vez más importantes, al igual que el comercio.


TEORÍA EN PROFUNDIDAD

El feudalismo parecía estar evolucionando o evolucionando durante un período de siglos. Es casi imposible precisar cuándo llegó el feudalismo completo como un fenómeno discreto y autónomo. La esencia del feudalismo se puede extraer de sus ejemplos históricos, sin embargo, para revelar la teoría detrás del sistema.

Roles de genero

El feudalismo fue en gran parte un sistema dominado por hombres. Como señores y vasallos, poseedores de propiedades en algún nivel de la pirámide feudal, la relación entre superior y dependiente casi siempre incluía solo partidos masculinos. En cambio, las mujeres no eran propietarias de la tierra, la mayoría de los sistemas legales las consideraban propiedad. Solo unas pocas mujeres monarcas como Leonor de Aquitania (1122-1204) fueron excepciones a la regla. La naturaleza militar del orden feudal, con su énfasis en el combate personal y el entrenamiento, excluyó aún más a las mujeres de la jerarquía del sistema feudal. En su mayor parte, las decisiones feudales fueron decisiones masculinas.

Eso no quiere decir que las mujeres no estuvieran involucradas en el orden feudal. Desde los trabajadores agrícolas entre los siervos hasta las heroínas de la canción y el cuento, la vida de las mujeres, como los hombres, se entrelazó de manera inextricable en el tejido feudal. Aunque no ocupaban puestos oficiales específicos de toma de decisiones dentro de la jerarquía feudal, las mujeres eran indispensables en el código de caballería relacionado que apoyaba y complementaba el feudalismo. Por ejemplo, los castos y piadosos dictados del amor cortesano celebraron los ejemplos de la virtud femenina utilizándolos como inspiración para misiones, justas y buenas obras de caballería, así como como foco para la protección de inocentes. Las leyendas artúricas, que exploraban y refinaban temas caballerescos, reconocían a las mujeres como figuras poderosas capaces de realizar actos de fe, magia e incluso habilidades de gobierno extraordinarios, ya veces sobrehumanos. Quizás lo más importante es que el código caballeresco abrió oportunidades para que las mujeres reales, en contraposición a las ideales o ficticias, ganaran fama como poetas, artistas, compositoras y autoras. El renacimiento de las artes asociado con la era de la caballería brindó a algunas mujeres talentosas y visibles nuevas oportunidades para el reconocimiento artístico y la autoexpresión.

BIOGRAFÍA:

Leonor de Aquitania

Quizás la mujer más conocida de la era feudal, Leonor de Aquitania fue la reina de dos de los países más poderosos del mundo en la Edad Media y usó su riqueza e influencia para patrocinar a poetas, artistas, baladistas y autores que crearon nuevos interpretaciones del código de caballería.

Leonor era la hija y heredera de Guillermo X, duque de Aquitania. Se casó con Luis VII y se convirtió en reina de Francia. De voluntad fuerte y aventurera, convenció a su esposo para que le permitiera acompañarlo a él ya sus tropas a Tierra Santa durante la Segunda Cruzada (1147-1149). En 1152, Leonor y Louis recibieron una anulación de su matrimonio y Leonor se casó con Enrique, duque de Normandía y conde de Anjou, quien pronto se convirtió en Enrique II de Inglaterra. Entre sus hijos estaba Ricardo I, también conocido como Ricardo Corazón de León, y Juan I. Después de una revuelta fallida contra su marido Enrique en 1173, Eleanor estuvo bajo arresto domiciliario hasta 1185. Ella respaldó la candidatura de Ricardo al trono después de la muerte de su padre y ayudó a mantener su posición cuando fue capturado durante la Tercera Cruzada (1190-1194). Ella también ayudó a orquestar su eventual rescate y liberación. Después de la muerte de Richard, Eleanor apoyó la oferta de John por el trono. Estuvo activa en la política de la corte durante toda su vida y murió cinco años después de que John asumiera el trono de Inglaterra.

Aunque tiene una poderosa presencia política en los reinados de cuatro reyes diferentes, Leonor es mejor conocida como una entusiasta del código de caballería, una mecenas de las artes y, como tal, una inspiración en el desarrollo de la música, el arte y la literatura de la era feudal. La reina apoyó a autores como Wace, Chrestien de Troyes y, muy probablemente, Marie de France, entre otros, en sus esfuerzos por glorificar los modales cortesanos y las virtudes caballerescas. A través de su ejemplo y su benevolencia, Leonor de Aquitania se convirtió en uno de los principales arquitectos e inspiradores del renacimiento feudal de las artes.

Sin embargo, el feudalismo mismo tenía un rostro claramente masculino. En su forma más básica, el feudalismo era local, personal y jerárquico. Las tres características surgieron del hecho de que el sistema feudal dependía de la tierra como su componente básico. En la sociedad feudal, el monarca poseía la tierra, pero la dividía

entre sus nobles, quienes a su vez lo dividieron entre sus simpatizantes, quienes a su vez lo dividieron entre sus trabajadores. Esto se conoce como sistema señorial.

El sistema señorial

El contrato feudal En el sistema señorial, la tierra otorgada por un superior a su dependiente se conocía como feudo. El dependiente, o vasallo, juraba lealtad a su superior, también conocido como señor o soberano, en una ceremonia de homenaje. En esta ceremonia, como en el elogio anterior, el vasallo puso sus manos en las manos de su señor y prometió su lealtad a través de un juramento de lealtad. A su vez, el señor besó al vasallo y aceptó su promesa. Esta práctica sirvió para hacer pública la relación personal entre el señor y su vasallo y selló el contrato feudal entre ambos. Al prometer su lealtad, el vasallo prometió luchar por y defender a su señor y sus tierras, y también ofrecer al señor parte de sus ganancias de la tierra a través de regalos, porcentajes de cosechas, etc. El contrato también obligaba al señor a darle al vasallo una feudo para su sustento, los individuos adscritos al feudo y la promesa de orden (en este sistema descentralizado, el señor servía como principal instrumento de justicia, y así escuchaba disputas y sentencias decididas).

Este contrato feudal tenía varias características importantes. Primero, fue recíproco. Vinculaba a ambas partes para que cada una tuviera deberes y responsabilidades hacia la otra. Si una de las partes no cumplía, la relación de beneficio mutuo se desmoronaba. En segundo lugar, fue informal. El contrato se basó en el interés propio, ya que cada parte tenía una buena razón para cumplir con el acuerdo, y un código de honor entendido para su cumplimiento. Los valores de la caballería, entonces, jugaron un papel en la socialización de señores y vasallos para que se convirtieran en buenos guardianes de contratos. En tercer lugar, y quizás lo más importante, el contrato no era exclusivo: de hecho, los contratos feudales se apilaron unos sobre otros para crear la pirámide feudal. En otras palabras, el hecho de que un individuo fuera el señor de un vasallo no impedía que ese mismo individuo fuera vasallo de un señor mayor al mismo tiempo, y así sucesivamente.

La pirámide feudal Esta pirámide terminaba en su cima con el rey. Debajo de él estaban sus arrendatarios en jefe, condes y barones que habían recibido sus feudos del soberano. Debajo de los condes y barones había mesne-inquilinos o vasallos que recibían sus feudos de manos de los condes y barones. Pueden existir varios niveles de mesne-inquilinos, cada uno de los cuales hace juramentos de lealtad a los señores que les otorgan sus feudos. En la base de la pirámide estaban los villanos o siervos. Los siervos permanecieron unidos por herencia a la tierra, ya sea por costumbre o por ley; realizaban labores agrícolas en la tierra donde habían trabajado sus antepasados, en las secciones que los siervos reclamaban como suyas con el permiso del señor, y la heredad o la tierra del señor. reservar para su propio uso. En la heredad, debían trabajar a sus señores en dos formas: trabajo semanal, un número específico de días por año y días de bendición, o períodos de esfuerzo adicional, como la época de la cosecha. Los siervos libres podían mudarse a otro feudo por su propia voluntad si así lo deseaban, pero los siervos serviles tenían que recibir permiso si deseaban abandonar el feudo, la mayoría de los siervos permanecieron en la misma tierra durante generaciones.

El corazón del sistema feudal no descansaba en la cima de la pirámide, con el rey, sino en la base de la pirámide, en la tierra. La mayoría de las personas durante la era feudal eran campesinos, siervos libres o serviles. Su mundo, y el mundo de sus señores inmediatos, giraba en torno al feudo. El feudo en su forma más pequeña consistía en una mansión. El señor conservó la casa solariega y su dominio circundante para el uso de él y su familia. El resto de la tierra del feudo se dividió. Los siervos tenían la tierra cultivable dividida en un sistema decidido por cada señor individual (generalmente en pequeñas franjas entregadas a los campesinos individuales para vivir y trabajar). Los siervos solían tener el prado en común. El señor tradicionalmente conservaba la propiedad del bosque, pero permitía a los siervos cazar, pescar y cortar madera en la tierra siempre que compensaran al señor cuando usaban este privilegio. De esta manera, campesino y aristócrata, vasallo y señor, convivían en la tierra.

El sistema legal La mansión sirvió como la unidad política y económica del sistema feudal. Políticamente, la mansión ofrecía justicia, protección y administración. Cada feudo desarrolló un conjunto de tribunales señoriales donde se podían escuchar las disputas sobre la propiedad o los delitos. El señor local o su agente presidía el sistema de justicia. Las decisiones tomadas a lo largo del tiempo se convirtieron en precedentes y sirvieron como una forma de derecho consuetudinario. De esta manera, la ley evolucionó localmente, adaptada para abordar las preocupaciones específicas de los campesinos, sirvientes y personas libres de un feudo determinado. Cada tribunal señorial y sus decisiones pueden ser algo diferentes, pero dentro de cada tribunal, las prácticas evolucionaron y se estandarizaron. Incluso si un rey o señor supremo transfirió una mansión en particular al control de otro señor, la infraestructura de esa mansión, con sus cortes y convenciones, permanecía intacta. El rey también mantuvo tribunales, pero estos escucharon solo una pequeña fracción de los casos en el país. El sistema legal de la Edad Media, como el propio feudalismo, fue en gran parte descentralizado y personal.

Términos del contrato feudal Este sistema también preveía los derechos de los habitantes de la tierra. Los señores y vasallos, en virtud del contrato feudal, tenían derechos específicos entre sí: el señor tenía que proporcionar sustento y el vasallo lealtad y protección. Los siervos también tenían tales reclamos. Incluso los siervos serviles no eran de hecho esclavos. A través del contrato implícito entre el señor señorial y el siervo, reconocido por el sistema judicial señorial, el señor esperaba bienes de sus trabajadores: trabajo, lealtad, cuotas, pago por el uso de los bosques del señor, etc., pero el señor también debía la seguridad del siervo. , sustento y derechos humanos básicos. En cierto sentido, el sistema de mansiones actuó como una póliza de seguro primitiva. En los buenos tiempos productivos, los siervos debían al señor de la mansión honorarios, pagos y parte de los frutos de su trabajo. Sin embargo, si la mala cosecha o la enfermedad plagaban las tierras de la mansión, se esperaba que el señor liquidara los activos para mantener a quienes le servían. Un señor se enfrentaba a la vergüenza y la censura pública si se apartaba del código de caballería y se comportaba de manera inapropiada, además, si perdía su fuerza de trabajo, también se enfrentaba a la ruina financiera. Los siervos satisfechos y motivados trajeron honor y éxito material al señor.

Por lo tanto, la mansión también sirvió como la unidad económica del sistema feudal. La economía de la Edad Media giraba principalmente en torno a la agricultura, y la mansión supervisaba y organizaba la agricultura de la tierra. Las mejoras internas —la construcción y reparación de carreteras, puentes, presas y otras vías para las personas y la información— también se llevaron a cabo a nivel de las mansiones. Los impuestos y las encuestas, cuando se tomaron, también se canalizaron a través de la mansión. Muchas economías señoriales también incluían formas modestas de pequeñas manufacturas, como la producción de telas, prendas de hierro y otros productos básicos necesarios para la vida diaria. La autosuficiencia era un objetivo del sistema, ya que en cualquier momento la guerra o la enfermedad podían aislar la mansión de sus vecinos y dejar a sus inquilinos para mantenerse a sí mismos.

La Iglesia Entrelazada con el sistema señorial estaba la Iglesia. Sus miembros eran vasallos de varios señores y, por lo tanto, debían lealtad no solo a los funcionarios de la Iglesia y al Papa en Roma, sino también a otros líderes laicos. A nivel local, la Iglesia reforzó el sistema feudal ofreciéndole instrucción —incluido el apoyo del código de caballería— y caridad, en sí misma otra forma de seguro para los más humildes de la sociedad. A través de las Cruzadas y otros eventos, la Iglesia también permaneció involucrada con la unidad final del sistema feudal: el ejército.

Entre las responsabilidades de los vasallos ante los señores estaba el deber de defensa. Si un señor necesitaba ayuda militar, el vasallo juraba responder. Para los grandes señores que servían a grandes señores y / o al rey, el deber de defensa significaba más que aparecer en una batalla con una espada. Estos vasallos debían a sus superiores fuerzas, número de hombres, entrenados y en forma y capaces de ganar una guerra. Los reyes, por ejemplo, pidieron apoyo militar a los inquilinos en jefe, y ellos a su vez formaron ejércitos llamando a los inquilinos que habían prometido. El resultado fueron ejércitos privados y caballeros profesionales.

Título de caballero Quizás ninguna figura representa la Edad Media para la mente moderna más que el caballero. Algunos eran terratenientes y otros aceptaban feudos en otras formas, como dinero u obsequios similares. Todos necesitaban su propio personal de apoyo para recibir formación y ayuda. Los niños que esperaban convertirse en caballeros, a menudo hijos de los mismos caballeros, comenzaron su aprendizaje militar como niños pequeños enviados a las cortes de los lores o los reyes. Allí los pajes, o jóvenes estudiantes, aprendieron sobre armamento, caza, cetrería, perros y el código de caballería. En la pubertad, los caballeros en formación se convirtieron en escuderos. Each served a knight and learned firsthand about warfare and courtly society. By 21, squires with sufficient skill, reputation, and wealth could become knights.

For these men, trained for more than a decade before even reaching knighthood, war was a lifetime occupation. As various knights—and beneath them, common soldiers—were loyal to specific lords, a balance of power often emerged among the highest level of counts and barons. When this balance failed, internal fighting broke out until the medieval arms race returned to equilibrium. The high number of knights and military men who relied on the patronage of lords and/or kings led to war by necessity: if the forces existed, then they would find someone to fight. The military manpower was too expensive and time–consuming to maintain simply to leave it inactive. Thus war, external and civil, as well as invasions and boundary disputes typified the feudal age.

All of the ingredients of the feudal system served to make society local, personal, and hierarchical. The manor, the smallest unit of feudal society, served key political and economic roles by providing justice, protection, administration, and a primitive form of insurance. The church and the military, bound to the feudal system as well, had their own forms of hierarchy between superiors and dependents. All of the relationships that built the feudal pyramid from its base to its point relied on two key ingredients to hold the contract together: self–interest, backed by the knowledge that both sides had to meet their obligations for each side to benefit and honor, fueled by the values of the code of chivalry. These motivations did not always ensure that all interactions were ideal, but they did form the enduring backbone of feudalism for centuries.

Literature of the Feudal Era

Since feudalism was an evolved system, developed over centuries through local, decentralized, informal precedents, rather than an implemented system, in which leaders devised a plan and then set in place, major writings on feudalism did not appear before or even during the development of the system instead, they appeared after feudalism was in widespread practice. Perhaps the most important writings were not the examinations of the feudal system and the celebrations of the code of chivalry, but the modest contracts between lords and vassals, the granting of benefits and similar transactions. One of the most lasting impacts of the feudal era is the concept of the contract.

Otherwise, feudalism did not have theorists as much as it had commentators, or thinkers who observed the system after its development and remarked upon it, practitioners, or those who used its rhetoric to further their own goals, and artists, or those who expressed the values and conflicts of feudalism through fiction, song, and other media. Perhaps one of the best writings to exemplify feudalism in practice is Bernard of Clairvaux's "Letter to Pope Eugenius III." Bernard of Clairvaux (1090–1153), or Saint Bernard, was a French mystic, orator, and leader of the Cistercian order of monks. He also was a political figure who made many journeys for peacekeeping, charity, and reform. In approximately 1146, Bernard wrote to his friend Pope Eugenius III to encourage the Pope's faith and action in the Second Crusade and its goal to take Jerusalem under Christian control. In the letter, the feudal interrelationship of the Church and state is clear: Bernard wants the Pope to launch a military campaign and gather lay leaders behind its banner. The influence of chivalric thought is also evident—Bernard praises courage, criticizes cowardice, and underscores the values of faithfulness and spirituality:

The news is not good, but is sad and grave. And sad for whom? Rather, for whom is it not sad! Only for the sons of wrath, who do not feel anger, nor are they saddened by sad events, but rejoice and exult in them…. I tell you, such a general and serious crisis is not an occasion to act tepidly nor timidly. I have read [in the book of] a certain wise man: 'He is not brave whose spirit does not rise in difficulty.' And I would add that a faithful person is even more faithful in disaster. The waters have risen to the soul of Christ, and touch the very pupil of his eye. Now, in this new suffering of our Lord Christ, we must draw the swords of the first Passion…. An extraordinary danger demands an extraordinary effort. The foundation is shaken, and imminent ruin follows unless resisted. I have written boldly, but truthfully for your sake…. But you know all of this, it is not for me to lead you to wisdom. I ask humbly, by the love you particularly owe me, not to abandon me to human caprice but ask eagerly for divine counsel, as particularly incumbent upon you, and work diligently, so that as His will is done in heaven, so it will be on earth.

Bernard's writings, such as his influential letters to Pope Eugenius III embody the very soul of feudalism. Eugenius III and other officials listened to Bernard's advice. The Church appreciated Bernard's outspoken example as a leader of his day, and in 1170, only 17 years after his death, Bernard was canonized.

If Bernard's work represents the religious end of feudalistic writings, then the work of John of Salisbury represents the political theory of the period. John of Salisbury (1120?–1180) studied in France under some of the greatest minds of the era: Peter Abelard, William of Conches, and Thierry of Chartres, among others. He was the secretary to the Archbishop of Canterbury for years and Bishop of Chartres for the last four years of his life. John is best known for two works of political scholarship, both of which were influential among scholastic philosophers in his own day. Metalogicus (1159) painted a portrait of scholarly life, criticized educational practices, and explored the debates of teaching methods and theories. John's work marked him as a humanist, a thinker concerned with the betterment of humankind through reason and learning.

His second work, also completed in 1159, was Policraticus: Of the Frivolities of Courtiers and the Footprints of Philosophers. In this treatise on government John set out the criteria by which political systems should be judged. He used the familiar metaphor of the human body to show how all parts of the political body should work together in harmony and reciprocity, thus satisfying natural law, divine will, and the general good. Policraticus, arguably the first work of medieval political theory, strengthened the core of feudalism with its praise of balance, mutual obligation, and loyalty between superiors and their dependents:

None the less, in order to address generally each one and all, they are not to exceed the limits, namely, law, and are to concentrate on the public utility in all matters. For inferiors must serve superiors, who on the other hand ought to provide all necessary protection to their inferiors. For this reason, Plutarch says that what is to the advantage of the humbler people, that is, the multitude, is to be followed for the fewer always submit to the more numerous. Therefore, magistrates were instituted for the reason that injuries might be averted and the republic itself might put shoes, as it were, on its workers. For when they are exposed to injuries it is as if the republic is barefoot there can be nothing more ignominious for those who administer the magistracies. Indeed, an afflicted people is like proof and irrefutable demonstration of the ruler's gout. The health of the whole republic will only be secure and splendid if the superior members devote themselves to the inferiors and if the inferiors respond likewise to the legal rights of their superiors, so that each individual may be likened to a part of the others reciprocally…

Bernard of Clairvaux's letter and John of Salisbury's treatise, one a glimpse of feudal thought in action and the other a window into feudal thought in theory, represent the non–fiction writings of the era. The High Middle Ages, however, was known as a renaissance in poetry, music, and fiction. Perhaps the most long–lived contribution of the age is the birth of Arthurian literature. One of the earliest examples of King Arthur's exploits appeared in the tenth– or eleventh–century collection known as The Black Book of Carmathen. The author and exact date of the work is unknown, but the impact of it and its Arthurian contemporaries cannot be overestimated. Not only did the stories entertain, but they also instructed readers in the political tenets of feudalism and the corresponding values of chivalry.

In one poem, a dialogue between Arthur and a porter known as Glewlwyd Mighty–grip, Arthur introduces his men and, with them, the traits he prizes in them: fearlessness, wisdom, and faithfulness. His men have fulfilled their obligation to him by fighting for him and counseling him. In return, Arthur is looking after his duty toward them, reminding Glewlwyd that "a lord would protect them." Arthur is portrayed as a proper lord with worthy dependents who honor the feudal contract with their superior. The reciprocal relationship they share is personal and affectionate, and it encourages the chivalric virtues in them all. When readers thrilled to the adventures of the king and his knights, they also received instruction on the complex relationships of the feudal system.

[Glewlwyd:] Who comes with you? [Arthur:] The best men in the world. [Glewlwyd:] To my house you will not come unless you deliver them [Arthur:] I shall deliver them and you will see them. Wythnaint, Elei, and Sywyon, these three Mabon son of Modron, servant of Uther Pendragon, Cystaint son of Banon, And Gwyn Godybrion harsh were my servants in defending their rights. Manawydan son of Lyr, profound was his counsel. Manawyd carried off Shields pierced and battle–stained. And Mabon son of Mellt stained the grass with blood. And Anwas the Winged and Lluch of the Striking Hand, they were defending on the borders of Eidyn. A lord would protect them my nephew would give them recompense.

Later in the Middle Ages the tone of works began to deviate from fictional and non–fictional positive, unapologetic views of feudalism. Books such as Brunetto Latini's The Book of Treasure (1266) and John Wyclif's On the Duty of the King (1379) and later works by Christine de Pisan and Machiavelli, among others, shifted the emphasis from chivalric virtues and reciprocal obligations among the people to focus on the power of the king. This shift ushered in a new era of nation–states with powerful monarchs and bring an end to the Middle Ages and its system of feudalism.

Bernard of Clairvaux, John of Salisbury, and The Black Book of Carmathen all illuminated some aspect of feudalism as a political system. One document, however, embodied feudalism more than any other: the Magna Carta, or The Great Charter of English Liberty Decreed by King John. John did not originate the idea of the charter on the contrary, he signed it under compulsion from his barons and the Church in 1215. The impulse for the combined lay and religious demand for the compact rested squarely in feudal thought. The King, as the greatest lord in the country, still owed duties and responsibilities to his vassals. The barons and Church forced John, who extended his powers whenever possible, to recognize his obligations and to place himself under the same law as his subjects. The claims against John flowed directly from the notion of the feudal contract. John's signature not only reinstated the monarch's acceptance of his feudal relationships, but it also paved the way for the English and U.S. constitutions.

60. Moreover all the subjects of our realm, clergy as well as laity, shall, as far as pertains to them, observe, with regard to their vassals, all these aforesaid customs and liberties which we have decreed shall, as far as pertains to us, be observed in our realm with regard to our own….

63. Wherefore we will and firmly decree that the English church shall be free, and that the subjects of our realm shall have and hold all the aforesaid liberties, rights and concessions, duly and in peace, freely and quietly, fully and entirely, for themselves and their heirs, from us and our heirs, in all matters and in all places, forever, as has been said. Moreover it has been sworn, on our part as well as on the part of the barons, that all these above mentioned provisions shall be observed with good faith and without evil intent. The witnesses being the above mentioned and many others. Given through our hand, in the plain called Runnimede between Windsor and Stanes, on the fifteenth day of June, in the seventeenth year of our reign.

Even the Magna Carta, which captured a feudal moment in time while also anticipating later constitutional theory, could not halt the European evolution toward powerful monarchs ruling centralized nation–states. Even as John agreed to the demands of the barons and the Church, the days of the Middle Ages were numbered.


What was the social status of merchants in Medieval Europe?

Location: North West & Central Europe (France/Germany/Britain & nearby areas).

Were merchants able to intermarry with nobles? Did they have the ear of the ruler? Did their class concerns get addressed? Were they ever given prominent government positions? Did they send some of their sons to the clergy? Could they become high ranking clergymen?

They were respected and well-off, but nobles looked down on them somewhat. For instance, if the son of a noble De Verdad wanted to, he could sell things as a merchant( cloth, grain, wine, etc) but this would cause them to lose noble privileges, so a merchant marrying a noble would be not very likely. They weren't close with the King unless they worked solely for him(the King would likely have his own vineyards, etc). Merchants could be rich, the ones trading expensive exotic spices for instance- but a lot of them were very well-off. And merchants could absolutely send a son to the clergy. However, they themselves becoming a high ranking clergy member is extremadamenteunlikely- they were already settled in as merchants and that is what they were. Can you imagine the time and devotion it would take to become, say, a bishop? Hope this helps and sorry for the wall of text

EDIT: sources. A Distant Mirror: the Calamitous 14th Century, Barbara W. Tuchman. Growing up in Medieval England, Barbara A. Hanawalt. Time Traveller's Guide to Medieval England, Dr. Ian Mortimer


Medieval Castle Defense and Assault

The feudal system depended on protecting farms and the countryside, and the key to a kingdom’s defense was its castle. Likewise, taking over a kingdom meant conquering its castles, and doing so was the most challenging aspect of medieval warfare.

The main methods of attacking a Medieval Castle were:

  • Fuego
  • Arietes
  • Ladders
  • Catapults
  • Minería
  • Cerco

Fire was the best way to attack the early Motte and Bailey castles since they were made entirely of wood. The fire might be started by building a bonfire against the outer wooden fence (palisade) or, more usually, by archers shooting fire-arrows into the castle. As the fire spread through the castle those living inside would be forced to leave allowing the attackers to take them prisoner or kill them. This was one of the reasons why Motte and Bailey castles were soon replaced by Stone Keep castles. Fire has little effect on a stone castle.

Battering Ram

The thick stone walls of the Stone Keep castles were difficult for men to knock down. Although pickaxes could be used against castles with thinner walls, it would take a very long time to knock a hole through a castle with very thick walls. The battering ram was particularly useful since the weight of several men would be put behind it. This would make it a considerable force that could seriously weaken and possibly destroy doors or walls.

Ladders

Ladders were used by those attacking a castle to climb over the walls and fight the castle inhabitants within the castle walls. However, ladders had the disadvantage of leaving the man climbing the ladder subject to attack by arrow, boiling water or oil, or by being thrown to the ground if the ladder was pushed away from the wall. To prevent this type of attack the Belfry or Siege Tower was developed.

The Belfry was a large structure on wheels that could be pushed up to the castle walls. Ladders inside the Belfry allowed attackers to climb to the top under cover and get into the castle. Castle owners prevented this type of attack by piling earth up against the castle walls so that the Belfry, which was on wheels, could not be pushed near to the castle.

Catapult

A variety of catapults or siege engines were developed during the Middle Ages to fire stones, fireballs or other objects such as dead sheep, cattle, or plague victims, at the castle walls or into the castle itself. This type of catapult works by twisting rope as tightly as possible so that it acts like elastic when the arm is released.

Minería

A good way of attacking a stone castle was through mining. Attackers would dig a tunnel underground up to the castle walls, under the gatehouse if possible. They would then set a charge and make an explosion which would make the walls crumble and collapse. The advantage of mining was that the attack could not be seen by those living in the castle. However, if those inside the castle were aware that attackers were mining underground, they would often mine from the castle to meet the attackers underground and there would be a sword battle.

Cerco

Another good way of attacking a stone castle was by placing it under siege. Attackers would surround a castle with both men and catapults so that no one could enter or leave the castle. Sieges could last for months, usually until the inhabitants of the castle ran out of food and were starving. One of the castle owner’s main line of defence against siege was to send all women, children, old, weak and sick people out of the castle. This meant that only those strong enough to fight off attackers remained in the castle and that the food supply would last much longer.


The Status of Women in Medieval Europe

Castle Eltz, one of the most famous and beautiful medieval castles in Germany.
(Image: Julia700702/Shutterstock)

Civil Law and Marriage in Medieval Europe

Women in Medieval Europe were legally dependent on their husbands. In the scope of civil law, women were restricted from signing contracts, being witnesses in court, or borrowing money in their names. All of these had to be carried out under the legal authority of their husbands. In short, married women were considerably dependent on their spouses. Interestingly, these restrictions existed in many European countries until very recently.

Perhaps, you’ll be surprised to know that these laws did not apply to unmarried adult females, who were allowed to sign contracts, borrow money, and do the things that one would expect of a legally responsible adult. This was quite a significant advantage compared to the Roman Empire. In that era, all women, regardless of their marital status and age, needed a male guardian.

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Businesswomen in medieval Europe were able to protect their assets if they were in a trade that was different from that of their husbands. As an example, if a woman was working as a tailor and her husband was a brewer, their assets were completely separate from each other. Therefore, if the husband faced bankruptcy, his wife had no legal responsibility to pay his creditors. El término femme sole (literally “woman alone”) was coined to describe these women.

Criminal Law and the Capital Punishment

As opposed to civil law, a woman’s marital status never mattered to criminal law. In other words, when a married woman committed a crime, she was subject to the same penalties as an unmarried one. The only exception was in the case of pregnancy: pregnant women were exempt from execution or any kind of torture. In addition, regardless of their marital status, all women were exempted from certain forms of torture by medieval courts. For example, women could not be broken on the wheel.

Place of execution of criminals in medieval Europe—chopping block and gallows on a wooden platform. (Image: Zhuravlev Andrey/Shutterstock)

In some cases, the judicial system in the High Medieval Ages treated female offenders more leniently. For example, same-sex relationships, which carried the death penalty for men, were no crime at all for women because such a relationship did not affect human reproduction.

Women who were found guilty of a capital offense were not so lucky though. In fact, they had to suffer the most brutal and painful type of executions in that era: burning at the stake. Unlike men who were sentenced to different kinds of execution depending on the severity of their crimes, female execution took only one form.

Contemporaries claimed this was necessary for the preservation of female modesty, because other forms of execution were deemed unbecoming of women. Although there may be some truth to this justification, modern historians have identified misogyny, as well as a deep-rooted suspicion and dislike of women on the part of males, as the root cause of this practice.

Politics and Women in Medieval Europe

Politically, women were able to rise to the highest levels of sovereignty. They could become queens and rule over kingdoms, or become regents and rule in the name of a minor child. Whether a woman was a queen or a regent, ruling either temporarily or permanently, her powers were not different from those of a male ruler.

This equality of powers was only because medieval politics were dynastic. In other words, offices passed down from fathers to sons. Therefore, in the absence of a legitimate male heir, an office could fall into the hands of a woman. This applied to both kingdoms and smaller political units. Counties passed among family members, duchies, and even castellanies – areas controlled by a single castellan, 15 or 20 miles in radius. In rare cases, these areas were ruled by women.

However, women in Medieval Europe were completely absent in public political roles. This was mainly because medieval towns followed a more republican form of government in which officials were elected and served for a set term. Therefore, a woman could not inherit a political office. The situation only changed in recent times. Ironically, democracy has been very unfriendly to female participation throughout history.

Economics and (Almost) Equal Opportunities

In Medieval Europe, women were relatively active in the marketplace. A survey of 100 guilds in Paris in 1300 showed that 86 percent were willing to admit female workers. Although some companies required permission from the woman’s husband, getting a job was not impossible.

There was also some sense of equality in terms of training. Female professionals were able to train apprentices regardless of their gender. No one seemed to think that a woman training a man was odd.

Sculpture of a nun on the facade of the Cathedral of the Good Shepherd in San Sebastian, Basque Country, Spain. (Image: Roman Belogorodov/Shutterstock)

Religion and Nunneries in Medieval Europe

It is reasonable to expect similar trends in religious settings, where women were absent in some areas and yet actively involved in others. For example, monasticism was prevalent among women. Woman could easily choose to become nuns and live in a nunnery. They could even rise through the ranks and one day command a nunnery. Back in the Middle Ages, convents were large organizations with various affairs and housed dozens of people. So, being the head of a nunnery allowed women to exert power over others. This power was especially appealing to high-born women who could not reach a status of authority in any other way.

However, women could never enter the realms of the priesthood. In other words, they were not allowed to take the position of a ‘secular clergy’ as they were non-ordained members of a church who did not live in a religious institute and did not follow specific religious rules.

Common Questions About the Status of Women in Medieval Europe

There was a large extent of inequality between men and women in Medieval Europe . Women did not have the right to vote or to choose whether they wanted to marry, have children, or even work in some instances.

Women in the Middle Ages were able to work as a craftswoman, own a guild, and earn money in their own ways. They could also divorce their husbands under certain conditions. Many outstanding female authors, scientists, and business owners lived during that age.

Women in medieval Europe were able to work in the majority of guilds. Other than being wives or mothers, they often chose to become artisans or nuns.

Most women in the Middle Ages wore kirtles, ankle-to-floor length dresses that were made of dyed linen. Among the peasant women, wool was a more favorable and affordable option. Women’s clothing also consisted of an undertunic called smock or chemise.


Feudalismo

Feudalism was the system in 10th-13th century European medieval societies where a social hierarchy was established based on local administrative control and the distribution of land into units (fiefs). A landowner (lord) gave a fief, along with a promise of military and legal protection, in return for a payment of some kind from the person who received it (vassal).

The payment of the vassal to the lord typically came in the form of feudal service which could mean military service or the regular payment of produce or money. Both lord and vassal were freemen and the term feudalism is not generally applied to the relationship between the unfree peasantry (serfs or villeins) and the person of higher social rank on whose land they laboured.

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Problems of Definition

Although the term 'feudalism' and 'feudal society' are commonly used in history texts, scholars have never agreed on precisely what those terms mean. The terms were applied to European medieval society from the 16th century onwards and subsequently to societies elsewhere, notably in the Zhou period of China (1046-256 BCE) and Edo period of Japan (1603-1868). The term feudalism was not used by the people who lived in the Middle Ages. Neither can the feudal system, once defined, be applied uniformly across different European states as there were variations in laws and customs in different geographical areas and in different centuries. As a consequence, many historians beleive that the term feudalism is only of limited use in understanding medieval societies.

los Diccionario de ingles Oxford has as concise a definition for feudalism as anywhere while still including its various levels of application:

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The dominant social system in medieval Europe, in which the nobility held lands from the Crown in exchange for military service, and vassals were in turn tenants of the nobles, while the peasants (villeins or serfs) were obliged to live on their lord's land and give him homage, labour, and a share of the produce, notionally in exchange for military protection.

Origins of Feudalism

The word 'feudalism' derives from the medieval Latin terms feudalis, meaning fee, and feodum, meaning fief. The fee signified the land given (the fief) as a payment for regular military service. The system had its roots in the Roman manorial system (in which workers were compensated with protection while living on large estates) and in the 8th century kingdom of the Franks where a king gave out land for life (benefice) to reward loyal nobles and receive service in return. The feudal system proper became widespread in Western Europe from the 11th century onwards, largely thanks to the Normans as their rulers carved up and dished out lands wherever their armies conquered.

Lords & Vassals

Starting from the top of society's pyramid, the monarch – a good example is William the Conqueror (r. 1066-1087) who considered all the lands of England as his personal property – could give a parcel of land (of no fixed size) to a noble who, in return, would be that monarch's vassal, that is he would promise loyalty and service when required. Thus, a personal bond was created. The most common and needed service was military service. Military obligations included fighting in that monarch's army or protecting assets of the Crown such as castles. In some cases, a money payment (known as scutage), which the monarch then used to pay mercenary soldiers, might be offered instead of military service. The vassal received any income from the land, had authority over its inhabitants and could pass the same rights on to his heirs.

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The nobles who had received land, often called suzerain vassals, could have much more than they either needed or could manage themselves and so they often sub-let parts of it to tenant vassals. Once again, the person was given the right to use and profit from this land and in return, in one form or another, then owed a service to the landowner. This service could again take the form of military service (typical in the case of a knight) or, as tenants might be of a lower social class (but still be freemen) and they might not have had the necessary military skills or equipment, more usually they offered a percentage of their revenue from the land they rented (either in money or produce) or, later in the Middle Ages, made a fixed payment of rent. There were also irregular special fees to be paid to the lord such as when his eldest daughter married or his son was knighted.

The arrangement which created a vassal was known as 'homage' as they often knelt before their particular feudal lord and swore an oath of loyalty, for which, in return, they not only received the land but also their lord's protection if and when required. The promise of protection was no small matter in times of war, when there were frequent raids from hostile neighbouring states, and when there was a perpetual danger of general banditry. Protection also came in the form of legal support and representation if a vassal found himself in a civil or church court. A tenant usually handed down their tenancy to their heir although it was sometimes possible to sell the right of tenancy to a third party, provided the lord who owned the land agreed.

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Another type of relationship in feudal societies, especially in medieval Germany and France, involved the allod, an inalienable property, i.e. one that could not be taken back. Holders of an allod still owed some form of allegiance to a superior local lord but the relationship was not based on land ownership and so that allegiance was harder to enforce.

The feudal system perpetuated itself as a status quo because the control of land required the ability to perform military service and, because of the costs involved (of weapons, armour and horses), land was required to fund military service. Thus there was a perpetual divide between the landed aristocracy (monarchs, lords, and some tenants) and those who worked the land for them who could be free or unfree labourers. Unfree labourers were serfs, also known as villeins, who were at the bottom of the social pyramid and who made up the vast majority of the population. The peasantry worked, without pay, on the land owned or rented by others to produce food for themselves and, just as importantly, food and profit for their masters. They were often treated as little more than slaves and could not leave the estate on which they lived and worked. The term feudalism, however, is generally applied by modern historians only to the relationship between lords and vassals, and not the peasantry. Rather, the relationship between serf and landowner or tenant is referred to as the manorial system after the most common unit of land, the 'manor'.

Consequences & Effects

The consequence of the feudal system was the creation of very localised groups of communities which owed loyalty to a specific local lord who exercised absolute authority in his domain. As fiefs were often hereditary, a permanent class divide was established between those who had land and those who rented it. The system was often weighted in favour of the sovereign as when a noble died without an heir, his estate went back to the monarch to either keep for themselves or to redistribute to another noble. Monarchs could distribute land for political purposes, fragmenting a noble's holdings or distancing him from the court. It also became difficult to keep track of who owned what which led to such controls as Domesday Book of 1087.

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Additional effects were the presence of vassals in the local courts which deliberated on cases involving the estates of their lords. Thus, there could be a clear conflict of interest and lack of impartiality, even if the more serious criminal cases were referred to the courts of the Crown.

In addition, the system of feudal relationships could create serious unrest. Sometimes a monarch might insist on active military service because of a war but nobles might also refuse, as happened to King John of England in 1215 and the Barons' Revolt which led to the signing of the Magna Carta. In 1215, and in subsequent revolts in the 13th century, the barons were acting collectively for their own interests which was a direct threat to the entire system of feudalism, based as it was upon single lords and vassals working out their own private arrangements. Military service was reduced to fixed terms, typically 40 days in England, in an effort to reduce the burden on nobles so that they did not leave their lands unattended for too long. However, 40 days was not usually enough to see out a campaign and so a monarch was obliged to pay mercenaries, dealing another blow to the tradition of feudalism and vassalage.

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Decline of Feudalism

Medieval feudalism was essentially based on the relationship of reciprocal aid between lord and vassal but as that system became more complex over time, so this relationship weakened. Lords came to own multiple estates and vassals could be tenants of various parcels of land so that loyalties became confused and even conflicting with people choosing to honour the relationship that suited their own needs best.

Another blow to the system came from sudden population declines caused by wars and plagues, particularly the Black Death (which peaked between 1347-1352), and by peasant revolts (most famously in England in 1381). Such crises caused a chronic shortage of labour and the abandonment of estates because there was no one to work them. The growth of large towns and cities also saw labour leave the countryside to find a better future and the new jobs available there.

By the 13th century, the increase in commerce and the greater use of coinage changed the way the feudal system worked. Money allowed feudal lords to pay their sovereign instead of performing military service the monarch's use of mercenaries then meant military service, and thus the barons themselves became less important to the defence of the realm. Conversely, a monarch could now distribute money instead of land in his system of rewards. A rich merchant class developed with no ties of loyalty to anyone except their sovereign, their suppliers and their customers. Even serfs could sometimes buy their freedom and escape the circumstances into which they were born. All of these factors conspired to weaken the feudal system based on land ownership and service even if feudalism would continue beyond the medieval period in some forms and in some places.


The Hanseatic Trading Empire

Feeding Europe’s consumer boom:7 products that greased the wheels of the Hanseatic trade network

Pepper was often sourced from southern Europe or markets like Bruges and then supplied by Hanseatic merchants across its northern network. The Danzig merchants based at King’s Lynn in England were known locally as pepper sacks’.

Grano was collected from farmland around Baltic river systems and supplied to great cities of northern Europe. The Baltic grain trade remained significant for Europe until the opening of the American prairie markets in the 19th century.

Hanseatic traders brought together pez from the Baltic Sea and salt from cities such as Kiel on the Baltic coast. This enabled the preservation of fish and its distribution to those observing the religious rules of eating fish on Fridays. The image, left, shows a fishmonger gutting herring in the 15th century. Hanseatic networks distributed hops from central and eastern Europe, spreading ideas too about how brewing methods could be improved. This helped reinforce, it’s been argued, the dividing line between beer-drinking northern Europe and the wine-drinking south.

Timber and wood products were a highly significant Hanseatic product, brought from areas around the Baltic to western European trading markets like Antwerp and Bruges.

Wax was transported to the west from Russia and Poland, which may have given us the word ‘polishing’. Sweet-smelling beeswax candles (shown, right, being sold in the 14th century) were in high demand for lighting, and for ecclesiastical use.


Medieval Food for Peasants

The consumables of a peasant was often limited to what came from his farm, since opportunities for trade were extremely limited except if he lived near a large town or city.

The peasants’ main food was a dark bread made out of rye grain. They ate a kind of stew called pottage made from the peas, beans and onions that they grew in their gardens. Their only sweet food was the berries, nuts and honey that they collected from the woods.

Peasants did not eat much meat. Many kept a pig or two but could not often afford to kill one. They could hunt rabbits or hares but might be punished for this by their lord.

The difference in medieval food consumed between peasants and lords can even be seen in the food vocabulary of English today. The lowered status of the defeated English after the French Norman Conquest of 1066 can be seen clearly in the vocabulary of meat. An Anglophone farmer used plain Saxon words for his livestock: cow, pig, sheep, chicken. Any animal eaten by a peasant had the same word used for whether the animal was alive or cooked.

But when these animals were butchered and found their way onto his Norman master’s plate, they acquired French-derived names: beef, pork, mutton.

This article is part of our larger selection of posts about the medieval period. To learn more, click here for our comprehensive guide to the Middle Ages.


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