Interesante

Fuentes de la historia medieval (O. Guyotjeannin)


Olivier Guyotjeannin es un historiador medievalista francés, profesor en la Ecole des Chartes desde 1988 donde enseña diplomacia y latín medieval [1]. Exalumno de la École des chartes, defendió una tesis en 1981 sobre “El señorío de los obispos de Beauvais y Noyon (siglos X-XIII). Debido a su formación como archivero-paleógrafo, su obra da un lugar destacado a la Estudio de las fuentes medievales y su uso por los historiadores medievales En esta perspectiva, es autor de varios trabajos para historiadores en los que se esfuerza por establecer una metodología de aproximación a las fuentes [2]. Es con esto en mente que Olivier Guyotjeannin comienza Fuentes de la historia medieval.

El autor quiere ser pedagogo y sintético al ofrecer un " introducción rápida destinada al historiador principiante [para] percibir, detrás de las obras terminadas (...) la naturaleza de los materiales que sustentan su reflexión ". La obra es, pues, una inmersión en la profesión del historiador confrontado con diversas fuentes que literalmente debe descifrar, transcribir, traducir, analizar para finalmente poder aportar una perspectiva crítica y constructiva.

Un enfoque metodológico

En primer lugar, el autor realiza una valoración historiográfica, desde el siglo XVII hasta la actualidad, sobre el uso de las fuentes por parte de los “historiadores”. Así, podemos ver que, en un inicio, la integración de fuentes en el trabajo realizado no tuvo el carácter cuasi-sistemático que conocemos hoy. Así, muchas obras de la era moderna ignoran en parte, o completamente, series documentales heredadas de la Edad Media. Sin embargo, Olivier Guyotjeannin menciona algunos precursores que parecen prestar especial atención a ciertos descubrimientos (la tumba de Childeric descubierta en 1653) explotándolos, como la congregación de Saint-Maur o el erudito Dom Jean Mabillon quien, en 1681, escribió un tratado fundamental sobre paleografía [3]. Posteriormente, el autor muestra cómo, en el siglo XIX, se produce un punto de inflexión historiográfico -sobre todo gracias a la escuela alemana- cuando las fuentes comienzan a ser objeto de grandes censos, facilitando así su conservación. En consecuencia, esta cuidadosa toma en cuenta del potencial de las fuentes para el historiador, empujará - a principios del siglo XX - a ciertas corrientes historiográficas a rechazar documentos considerados "falsos" o descuidar ciertas fuentes consideradas como "demasiado narrativas". Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX ocurre lo que Jacques Le Goff llama la “revolución documental”. Así, nace la idea de que el historiador debe "hacer todo lo posible", no descuidar nada e integrando en su obra todo lo que antes se había descuidado. Para ilustrar este punto, el autor completa este panorama historiográfico mencionando dos fuentes: un acto “auténtico” y un acto reconocido como “falso”. El objetivo de su demostración es tanto mostrar en qué elementos puede basarse el historiador para distinguir un "verdadero" de un "falso", pero especialmente cómo se pueden explotar los dos documentos. Lo "falso" aparece entonces tan cualitativamente tan interesante como el acto auténtico, en la medida en que proporciona información, entre otras cosas, sobre su contexto de producción y sobre las intenciones del falsificador.

Un enfoque historiográfico

Posteriormente, Olivier Guyotjeannin se centra en las condiciones de producción de las fuentes textuales para percibir claramente que más allá de lo que dice, un documento puede aportar información sobre diversos elementos. El autor comienza invirtiendo el campo de lo que él llama el “tesoro de las palabras”. Por lo tanto, ofrece un panorama de los múltiples idiomas encontrados en el Occidente medieval. El mismo estudio de estos lenguajes puede resultar instructivo y proporcionar al historiador material para ampliar el campo de sus investigaciones. El autor demuestra la diversidad -dentro de un solo idioma- que se puede observar y que aporta una rica información a la que el historiador debe prestar atención. Por ejemplo, el latín no constituye un “bloque fijo y atemporal”, sino que sigue una evolución en el tiempo y el espacio. Posteriormente, el autor destaca todo el potencial que puede explotar el historiador interesándose por la onomástica. Ricos en información, los nombres son fuertes marcadores culturales que pueden resaltar los legados romanos, germánicos o cristianos y que heredó la Edad Media para, en ocasiones, realizar creaciones originales. En la misma perspectiva, el estudio de la toponimia podría resultar instructivo en cuanto a la evolución del uso de la tierra y, más en general, del contexto histórico. El autor no deja de señalar que el historiador, si quiere que su obra sea relevante, debe sobre todo cruzar los diferentes tipos de fuentes que se le ofrecen. Aún en el mismo capítulo, el autor se interesa entonces por la evolución de los soportes y más particularmente del paso del papiro al pergamino. Más allá de este hecho historiográfico, Olivier Guyotjeannin subraya el papel preponderante de los copistas que, al mismo tiempo, permitieron la transmisión de secciones enteras de varias obras, aunque en ocasiones procedieron a deformaciones que, a lo largo de los siglos, dieron como resultado la producción de contrapartidas. - sentido en comparación con los originales. Así, todo el trabajo del historiador consistirá en estudiar estas mutilaciones para explicar su significado mientras se esfuerza por encontrar el original. Luego, se debe realizar una historia del libro mediante el estudio cuidadoso de lugares de almacenamiento, como bibliotecas o archivos. Al final, una serie de documentos, entregados en su versión original y traducidos, ilustran las palabras del autor. Gracias a tres actos de cancillería de los siglos VIII al XV, podemos observar así la evolución del latín, que se deja influir por las lenguas vernáculas.

Contextualización de fuentes

En una tercera parte, Olivier Guyotjeannin se centra en los contextos de producción. Entonces podemos darnos cuenta de las dificultades encontradas en la datación de una fuente textual. De hecho, los autores medievales adoptaron varios "computadores", que el historiador de hoy debe dominar para colocar los documentos en sus respectivos contextos. Nacimiento de Cristo, reinado de un hecho soberano, significativo, tantos “puntos de inicio” a los que los autores pueden referirse para fechar sus escritos. Con otro espíritu y refiriéndose al auge de las Investigaciones o de la Inquisición, Olivier Guyotjeannin intenta resaltar la creciente parte probatoria que la palabra escrita tiende a ocupar a lo largo de la Edad Media. Este marcador de verdad que la escritura tiende a garantizar -al igual que el sello en otra medida- puede llevar a algunos autores a hacer más compleja su historia al hacer cada vez más narrativa la afirmación, con miras a "hacerla verdadera". Así, en estas fuentes aparentemente poco informativas para el historiador de las mentalidades, el autor demuestra que también aquí se debe analizar y tomar en cuenta información valiosa. Posteriormente, el autor evoca los vaivenes de la conservación documental y muestra cómo, a partir del siglo XII, emerge lentamente una “conciencia de la memoria” que favorece la creación de lugares específicos de conservación, los archivos. Sin embargo, las vicisitudes de la historia mutilan a veces severamente las series documentales. El autor toma como ejemplo el gran incendio de 1737 de la Ile de la Cité o el movimiento revolucionario de 1789. Por tanto, el historiador debe tener cuidado con la representatividad de las fuentes a su disposición. Finalmente, el autor entrega una breve tipología de fuentes complementada con una bibliografía selectiva, permitiendo al historiador principiante ir más allá en estos temas. Esto también permite al historiador que se acerca a nuevas fuentes tener una "cuadrícula de lectura" que facilita su primer acercamiento. Así, Olivier Guyotjeannin distingue textos históricos (Historia, Crónica, Annale, biografía ...), fuentes hagiográficas, escritos relacionados con el culto y la devoción (consuetudinarios, sermones, penitenciales ...), derecho y jurisprudencia, actos del práctica (diploma, charter, cartulaire ...), gestión de documentos, herramientas de comunicación (carta, literatura propagandística ...) y finalmente textos literarios y científicos. Cada categoría se complementa en el apéndice con un documento comentado por el autor.

Enfoques complementarios

Al final, la obra de Olivier Guyotjeannin será de gran utilidad para el historiador novato que desee adquirir las bases de un conocimiento dejado de lado durante demasiado tiempo. Las fuentes de la historia medieval funcionan como un libro de texto al que referirse antes de abordar el estudio de las fuentes demasiado de frente. Además de proporcionar una visión general, las palabras del autor serán de especial interés para el historiador, que podrá beneficiarse de la experiencia del archivero-paleógrafo Olivier Guyotjeannin, confrontado diariamente con las fuentes medievales y, por tanto, con los problemas encontrados. Sin embargo, podemos lamentar el poco espacio que se le ha dado a las inscripciones epigráficas que, sin embargo, deberían incluirse en el rango de fuentes textuales. De hecho, este último puede ser de interés tan importante para el historiador como una carta o un diploma. Sin embargo, parece adquirido hoy, tras numerosas obras, incluida la de Robert Favreau [4], que no se puede dejar de lado el carácter de "publicidad universal" que cubren las inscripciones medievales. Así, lamentamos la ausencia de menciones, por ejemplo, a las inscripciones campanar, a las estelas funerarias oa las lápidas. La otra reserva se refiere a la “tipología breve” propuesta al final del tercer capítulo. En efecto, este deseo, ciertamente saludable pero a veces reductor, de clasificar un documento en una categoría tiene el principal defecto de encerrar al historiador en una reflexión preconcebida y, de hecho, de empujarlo a explotar solo parcialmente toda la sustancia ofrecida. por la fuente "clasificada" incorrectamente. Sin embargo, la obra de Olivier Guyotjeannin sigue siendo una excelente introducción al tema que deberá completarse con otras obras del mismo tipo [5]. Además, el autor ofrece una bibliografía indicativa de calidad a la que consultar para ampliar los conocimientos.

Olivier GUYOTJEANNIN, Fuentes de la historia medieval, The Pocket Book, París, 1998, p. 9-221

[1] http://www.enc.sorbonne.fr/professeur/olivier-guyotjeannin (consultado el 25/01/2014)

[2] O.GUYOTJEANNIN, J.PYCKE, B.-M TOCK, Diplomático medieval, Turnhout: Brepols, 1993

[3] Dom Jean MABILLON, De re diplomatica, 1681

[4] R.FAVREAU, Epigrafía medieval, Turnhout: Brepols, 1997

[5] B. MERDRIGNAC y A.CHEDEVILLE, Ciencias auxiliares en la historia de la Edad Media, Presses Universitaires de Rennes, 1998


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